Placer culposo

Grand Hotel está en Netflix desde la semana pasada. De qué trata este culebrón español.

 

El culebrón español  empieza cuando el protagonista llega al hotel donde trabajaba su hermana a investigar su desaparición. La trama se desarrolla en la España de principios del siglo XIX en un pueblo de fantasía, Cantaloa. El hotel también es ficticio, aunque sus exteriores han sido filmados en un palacio de Santander. Lo cierto es que ya desde el primer capítulo, el trato a los clientes y la oferta de un servicio hotelero son elementos secundarios en la trama. Aquí lo que importan son las diferencias de clase entre los patrones y los criados, resignados a trabajar toda su vida, a ser tratados como animales y a vivir en cuartos de servicio. Las diferencias entre los sexos también es notoria: a pesar de que conoce al dedillo cómo funciona el hotel, donde se prácticamente se ha criado, a la hija de la dueña no se le permite dirigir el establecimiento por ser mujer.

Como en toda telenovela, aquí no faltan amores imposibles, intrigas, suicidios, asesinatos e hijos bastardos. Y cualquier referencia histórica o geográfica es eliminada en aras de la trama, que sólo acepta los equívocos y los secretos. La mayoría de los actores sobreactúa, a veces al borde del ridículo, pero a su favor podemos decir que el guión no los ayuda. El argumento es básico, la música contiene todos los clichés del género y el montaje produce rostros desencajados que saltan en cada plano. Así y todo, la receta es efectiva y, en mi caso,  un placer culposo como hacía tiempo no disfrutaba.

 

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