The Palm: la leyenda continúa

Un clásico neoyorquino con sucursal en el hotel Presidente InterContinental Santa Fe. Descubre la historia del restaurante The Palm.

 

The Palm

Un error de un funcionario neoyorquino dio comienzo a una historia que se perpetúa. Corría el año 1926 y Pío Bozzi y John Ganzi, dos italianos que acababan de llegar a Manhattan, buscaban registrar el nombre del restaurante que estaban por abrir en la Segunda Avenida. “Parma” era el nombre elegido, pero la tosca pronunciación de estos dos inmigrantes, más la mala predisposición del servidor público de turno, hicieron que el restaurante quedara inscripto como “The Palm”. A Pío y John, el tropiezo no los preocupó e inauguraron el lugar con la idea de ofrecer especialidades de su tierra. No servían carne, pero cuando un cliente les pidió un filete, no se amilanaron. Mandaron a alguien a la carnicería y así fue cómo empezaron a forjarse un nombre como expertos en cortes. El lugar era, por entonces, un speakeasy al que se llegaba por recomendación tocando a la puerta. Algunos de sus habitués eran caricaturistas de King Features Syndicate, la agencia de tiras cómicas que aún existe. Muchos de estos ilustradores no tenían dinero y pagaban sus comidas a cambio de dibujos que empezaron a poblar las paredes del local.

The Palm

Hoy, el restaurante cuenta con sucursales en 21 ciudades estadounidenses y dos en Ciudad de México -uno de ellos en el hotel Presidente InterContinental Santa Fe-. Estos dos  perpetúan algunas costumbres del restaurante original, como las carnes añejadas durante 25 días, la langosta de Nueva Escocia, el pastel de zanahoria, las hamburguesas y el Prime New York Strip -de hasta 520 gramos-. Otra tradición que mantienen es el Club 837, al que se accede pagando una modesta membresía -se canjea por un consumo por el mismo valor- y sumando puntos cada vez que se come en el restaurante. Se dice que uno de sus clientes más fieles llegó a pagar una fastuosa fiesta familiar, con alimentos y bebidas incluidos, redimiendo su abultado millaje, cuenta Carlos Blancas, chef de The Palm Santa Fe, y experto en carnes asadas. Quien visite su cocina quedará anonadado por las medidas de limpieza que allí se siguen: hay protocolos, por ejemplo, para desinfectar una lechuga, y lavabos que se accionan con la rodilla para no contaminar las manos recién lavadas. Si se le piden consejos para hacer un buen bife, responde sin dudar: aceite, sal, pimienta y ajo molido antes de echar el corte en el asador. Y nunca, pero nunca, hacerlo “bien cocido”. Pecado capital, dice.

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