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Un niño en el hotel Camino Real

Diego Álvarez recuerda su primer viaje a México, a los diez años, sin saber que de adulto terminaría viviendo 15 años en ese país.

Enero de 1981, y un plan que no podía ser mejor. Mi primer viaje internacional importante, tenía diez años y poco sabía del primer destino del largo periplo que con mis padres mis dos hermanos mayores y la recién llegada Lula emprenderíamos. El viaje tocaría varias ciudades del norte del continente americano, Los Ángeles, San Francisco, Hawaii pero antes de todas esas sorpresas la más inesperada: México DF. Las pocas referencias que tenía ese momento eran las que llegaban a través de Chespirito, pero el llegar a la gran ciudad hizo que todo cobrara una nueva dimensión. La puerta de entrada a este maravilloso país y su ciudad insignia: el Hotel Camino Real de Polanco.
Camino Real
En ese momento desconocía al arquitecto Legorreta, quien diseño el edificio del hotel Camino Real, tan característicos de su arquitectura. Pero su forma, sus volúmenes y sobre todo su color me acercaron a este genio de una manera espontánea…Todo era increíble. En la entrada una fuente gigante, que en un principio pensé que era la famosa “alberca con olas” que luego conocería en Acapulco, nos recibió. No sé si porque era mi primer hotel importante al que iba o porque tenía algo que con el tiempo me daría cuenta que era único, pero no paraba de asombrarme y rendirme. La amabilidad de su gente, los huevos volteados, la papaya, y el poder estar en el corazón de Chapultepec me dejó una huella en mi infancia. Quizás haya sido la semilla que hizo que casi20  años después viviera en este lugar maravilloso por cerca de quince años y del que a pesar de mi acento me siento hijo.

Camino Real

 

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